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Pocos discos recuerda uno con una carga emocional tan fuerte como este Going Back Home. Claro que los hay, y el aún fantástico once años después, The Wind de Warren Zevon, es el primero que viene a la memoria. Por las características similares en las que se grabaron. Dos músicos desahuciados por la medicina que deciden poner en surcos su propio testamento con la premura que en su caso marca el tiempo. (...)
Pero centrarnos en el mero hecho de haber sido grabado con el cáncer a punto de cerrar la puerta, por más que éste haya influido en la forma de la grabación, sería en parte traicionar la propia intensidad aplicada por Wilko Johnson al disco. Si Zevon se despedía con una acongojante Keep me in your heart, Johnson saluda con una impepinable Going back home. Está viviendo sus últimos meses como esa vuelta a donde solía, tratando de olvidar el indudable ostracismo en el que ha vivido gran parte del tiempo posterior a su salida de Dr.
Feelgood. Pero esa es la cuestión: lo está viviendo, y nosotros con él. Mediatizados por los acontecimientos, pero, si hacemos caso a las crónicas, con unos conciertos de despedida intensos, desquiciados, lúbricos, y si hacemos caso a nuestros oídos, con un disco que se antoja el testamento soñado por cualquier músico con el alma tronchada por seis cuerdas.
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No hay mucha trampa ni cartón. Roger Daltrey se pone en contacto con Johnson y le ofrece grabar un disco con las directrices que él mismo quiera imponer. Por mucho que a sus bandas madres les separe una generación, por mucho que la rabia y la fuerza de The Who estuviera presente en las primeras puestas en escena del Doctor, entre Daltrey y Johnson apenas hay tres años de diferencia. Tienen por tanto los mismos orígenes, los mismos sentimientos, las mismas ansias que han ido saciando en sus carreras. Pero el tiempo en este caso es finito. Así que lo mejor era hacerlo a la antigua usanza, en apenas una semana, sin grandes alharacas, directo a la yugular. Acompañado de su banda habitual, Dylan Howe y un Norman Watt-Roy del que es amigo desde los tiempos en que Dr. Feelgood compartió juergas con los Blockheads de Ian Dury en los que militaba. Y un añadido de lujo, las teclas de Mick Talbot que tanto calor han dado en Style Council y Dexy’s Midnight Runners. Y una voz de Daltrey a la que los años ha hecho más grave pero igual de desacomplejada.
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Recapacitas, y crees firmemente que el disco hubiera tenido el mismo impacto alejado de las circunstancias que lo han parido.
Y con el deseo implacable de salir de tu casa. Ya lo apuntaba ayer Jaime Desperdicios.
Esto hay que escucharlo en los bares.
Continuará... (aún sin fecha, la cosa es así)
Suena la corriente: "Ice on the motorway" - Wilko Johnson & Roger Daltrey
Soberbia reseña , as always. Pero lo más importante es que cruje la guitarra de Wilco y eso es para celebrarlo, disfrutarlo y alabarlo a cada minuto. Life is short but sweet. Un abrazo!
ResponderEliminarEsta vez te me has adelantado, jejeje, my Lord of RR. Esto es un pepinazo, bien lo sabes, al igual que Jaime Desperdicios en el anterior. Sería un lujo que escucháramos juntos esto en algún bar. Abrazo.
ResponderEliminarPues sí señor, música de bares, pero en cualquier caso, música para disfrutar
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