
Había una frase de la excelente canción Centreville incluida en su anterior y debutante disco, There is a bomb in Gilead, que resultaba bastante sintomática de la personalidad de Lee Bains III: We’re over-educated and we’re under-employed. We’re strictly and literally dressing dirty dirty. Un tipo con las cosas claras y la rebeldía, el hastío y las ganas de cambiar en el cuerpo. (...)
Y aquel disco de 2012 también tenía una característica especial. Había sido grabado en Mississippi y mezclado en Detroit, bajo la supervisión de Jim Diamond, bajista e ingeniero de The Dirtbombs, entre mucha otra gente. Dos sensibilidades tan diferentes pero unidas, el sur americano y una de las cunas de los sonidos infecciosos. Y al menos esa dicotomía es la que uno gustaba de enlazar con la idiosincrasia de un tipo que repite a todas horas, y lo plasma en sus letras, que él lo que quiere cambiar son esos lugares comunes que identifican a los pobladores de los territorios aparentemente más conservadores y retrógrados de su país.

La banda ha cambiado en su cincuenta por ciento, acompañando ahora a Lee Bains y a la batería de Blake Williamson el propio hermano de éste, Adam, al bajo, y la nueva guitarra de Eric Wallace. Y sin saber discernir la importancia de ellos en el maremágnum, uno no puede dejar de hacer sufrir, gozosamente, a sus oídos con uno de los discos más impactantes y frescos de lo que llevamos de año.
Suena la corriente: "The Kudzu and The Concrete" - Lee Bains III & The Glory Fires
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